La obra es un espejo de la época. Las descripciones de los variados escenarios y las actitudes de los personajes de acuerdo al nivel social representan la situación de este país en 1846. Reflejan la dictadura de Nicolás I (1825-1855), Zar que gobernaba en el período de creación de esta pequeña novela. Dentro de las características generales del contexto histórico encontramos un gran florecimiento literario, un fuerte régimen político, la organización económica estaba muy atrasada, se arrastraba formas totalmente superadas, como la servidumbre y sus secuelas. En la historia de Rusia se recoge este momento como el de mayor opresión al pueblo, estructurado por campesinos mayormente, comerciantes y pequeño burgueses.
La novela transcurre durante cinco meses. La correspondencia de los protagonistas devela sus más sinceros sentimientos. Dostoievsky en varios pasajes, apoyado en Makar y Varvara, muestra la situación social de los marginados, desheredados y de los más humildes, el régimen político, la estructura de los centros comerciales y calles, la atomización de la sociedad y la profundización del abismo entre las clases. En el libro se utilizan personajes y ambientes, en forma de burla, para criticar los males de Rusia en 1846. Ejemplo de esto es que toma a su personaje principal, el hazmerreír de todos por su precaria vida, como miembro de la burocracia oficial y la manera por la que el mendigo de la calle Fontanka llega a esas circunstancias. Cada página pone al desnudo las pequeñas miserias de un amor imposible en un ámbito mezquino y burocrático. Makar Dievuschkin y Varvara Dobroselov eran vecinos. Ambos vivían en pisos alquilados. Los rusos generalmente se alojaban como inquilinos. El que pudiera pagar más tendría entonces, mejores condiciones. Makar le contaba a su amiga como su habitación era oscura, con olor a moho, según él era un rinconcito muy discreto porque se pasaba meses sin poderle pagar a la dueña, Teresa. A pesar de estas condiciones no se consideraba el de menos recursos porque otro arrendatario llamado Gorshkov, quien había perdido el trabajo hacía siete años, junto a sus tres hijos y esposa residían en un cuartucho que hacía esquina separados por un biombo (mampara). De esta forma vivían los rusos en este período. La vivienda se consideraba uno de los principales problemas de las ciudades.Los campesinos explotados por los propietarios de las aldeas, que al adueñarse de las parcelas de tierras se convertían en los dueños de sus trabajadores, se trasladaban a las ciudades para trabajar durante algún tiempo y prosperar. El padre de Dobroselov, desempleado tras la muerte del príncipe P., propietario de la finca donde laboraba, viaja a la ciudad en busca de mejorar la economía de su familia. La difícil situación económica que atravesaba el país lo condujo a que sus deudas se acrecentaran.
La autoridad imperial se imponía mediante un sistema muy complejo de presiones y controles. Los funcionarios públicos formaban parte de este sistema de control. Los servicios de este sector se recompensaban con la concesión de unas condecoraciones llamadas órdenes. Makar Dievuschkin a los diecisiete años ingresó en la burocracia oficial. Su desigual actitud a los demás compañeros de oficina logró el rechazo de todos. Odiaba la explotación a los hombres con igual corazón que él. A pesar de los problemas y aunque para Dievuschkin era difícil entenderlo, una vez le quisieron conceder una Cruz en premio a su servicio.
Para Fiódor Mijáilovich los intelectuales eran muy importantes. Makar piensa que su insulsa vida puede mejorar si comienza a instruirse con Ratasaiev en sus veladas literarias. De esta forma, según él, aprendería a expresarse con palabras concretas, en las diferentes situaciones, tanto vulgares como corrientes. La vida entonces, tomaría un rumbo en busca de mayores satisfacciones. El desempleo aumenta todos los días principalmente en las grandes ciudades. Las mujeres no podían aspirar a grandes puestos de trabajo. La difícil situación de las féminas las lleva a la prostitución, a pedir limosnas y las más afortunadas llegan a ser amas de llaves de las casas de los pequeños burgueses. Varvara Dobroselov no tuvo más opción que trabajar con pocos recursos para una familia de proletarios rurales, hasta que en un accidente casero se quemó una mano y sin recibir explicación es sustituida. A pesar de la terrible enfermedad, Teresa, la dueña de la pensión, debía mantenerla para sobrevivir. Anna Fiodorovna, en cambio, poseía una casa con cinco cuartos, pero las fuentes de sus ingresos eran muy enigmáticas como sus ocupaciones.
Los mendigos profesionales alquilaban, en los barrios pobres, niños escuálidos para llamar la atención de los transeúntes y si el niño moría durante el día, seguían exhibiéndolo hasta la noche para no perder el precio del alquiler. Dievuschkin no podía comprender cómo los pequeños eran víctimas de esta situación tan habitual en la sociedad rusa. En este fragmento se evidencia este cotidiano escenario… “Y temblando todo él, llegase corriendo a mí y mostrándome el papel, con vocecilla que tiritaba, me dijo: “Una limosnita, señor”. …No hay que ponderar el caso, que es claro y corriente. Pero ¿qué iba yo a darle? Pues no le di nada. Y sin embargo, me inspiraba tanta compasión.”
La novela transcurre durante cinco meses. La correspondencia de los protagonistas devela sus más sinceros sentimientos. Dostoievsky en varios pasajes, apoyado en Makar y Varvara, muestra la situación social de los marginados, desheredados y de los más humildes, el régimen político, la estructura de los centros comerciales y calles, la atomización de la sociedad y la profundización del abismo entre las clases. En el libro se utilizan personajes y ambientes, en forma de burla, para criticar los males de Rusia en 1846. Ejemplo de esto es que toma a su personaje principal, el hazmerreír de todos por su precaria vida, como miembro de la burocracia oficial y la manera por la que el mendigo de la calle Fontanka llega a esas circunstancias. Cada página pone al desnudo las pequeñas miserias de un amor imposible en un ámbito mezquino y burocrático. Makar Dievuschkin y Varvara Dobroselov eran vecinos. Ambos vivían en pisos alquilados. Los rusos generalmente se alojaban como inquilinos. El que pudiera pagar más tendría entonces, mejores condiciones. Makar le contaba a su amiga como su habitación era oscura, con olor a moho, según él era un rinconcito muy discreto porque se pasaba meses sin poderle pagar a la dueña, Teresa. A pesar de estas condiciones no se consideraba el de menos recursos porque otro arrendatario llamado Gorshkov, quien había perdido el trabajo hacía siete años, junto a sus tres hijos y esposa residían en un cuartucho que hacía esquina separados por un biombo (mampara). De esta forma vivían los rusos en este período. La vivienda se consideraba uno de los principales problemas de las ciudades.Los campesinos explotados por los propietarios de las aldeas, que al adueñarse de las parcelas de tierras se convertían en los dueños de sus trabajadores, se trasladaban a las ciudades para trabajar durante algún tiempo y prosperar. El padre de Dobroselov, desempleado tras la muerte del príncipe P., propietario de la finca donde laboraba, viaja a la ciudad en busca de mejorar la economía de su familia. La difícil situación económica que atravesaba el país lo condujo a que sus deudas se acrecentaran.
La autoridad imperial se imponía mediante un sistema muy complejo de presiones y controles. Los funcionarios públicos formaban parte de este sistema de control. Los servicios de este sector se recompensaban con la concesión de unas condecoraciones llamadas órdenes. Makar Dievuschkin a los diecisiete años ingresó en la burocracia oficial. Su desigual actitud a los demás compañeros de oficina logró el rechazo de todos. Odiaba la explotación a los hombres con igual corazón que él. A pesar de los problemas y aunque para Dievuschkin era difícil entenderlo, una vez le quisieron conceder una Cruz en premio a su servicio.
Para Fiódor Mijáilovich los intelectuales eran muy importantes. Makar piensa que su insulsa vida puede mejorar si comienza a instruirse con Ratasaiev en sus veladas literarias. De esta forma, según él, aprendería a expresarse con palabras concretas, en las diferentes situaciones, tanto vulgares como corrientes. La vida entonces, tomaría un rumbo en busca de mayores satisfacciones. El desempleo aumenta todos los días principalmente en las grandes ciudades. Las mujeres no podían aspirar a grandes puestos de trabajo. La difícil situación de las féminas las lleva a la prostitución, a pedir limosnas y las más afortunadas llegan a ser amas de llaves de las casas de los pequeños burgueses. Varvara Dobroselov no tuvo más opción que trabajar con pocos recursos para una familia de proletarios rurales, hasta que en un accidente casero se quemó una mano y sin recibir explicación es sustituida. A pesar de la terrible enfermedad, Teresa, la dueña de la pensión, debía mantenerla para sobrevivir. Anna Fiodorovna, en cambio, poseía una casa con cinco cuartos, pero las fuentes de sus ingresos eran muy enigmáticas como sus ocupaciones.
Los mendigos profesionales alquilaban, en los barrios pobres, niños escuálidos para llamar la atención de los transeúntes y si el niño moría durante el día, seguían exhibiéndolo hasta la noche para no perder el precio del alquiler. Dievuschkin no podía comprender cómo los pequeños eran víctimas de esta situación tan habitual en la sociedad rusa. En este fragmento se evidencia este cotidiano escenario… “Y temblando todo él, llegase corriendo a mí y mostrándome el papel, con vocecilla que tiritaba, me dijo: “Una limosnita, señor”. …No hay que ponderar el caso, que es claro y corriente. Pero ¿qué iba yo a darle? Pues no le di nada. Y sin embargo, me inspiraba tanta compasión.”

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